


O Transferencia cinematográfica.
Por: Ramona Cantú Westendarp
En 1987 aparece el texto “La psiquiatría y el cine” escrito por los hermanos Glenn y Krin Gabbard, psicoanalista y filosofo respectivamente. Ambos emprenden la tarea de investigar las distintas formas en que se ha representado la imagen del psiquiatra en la historia del cine norteamericano. El presente escrito es un intento de sintetizar algunas de las ideas de ese trabajo, primero por considerar su estudio como una gran empresa de investigación. Además y especialmente, porque parten desde el psicoanálisis clínico, apoyado en las teorías psicoanalíticas contemporáneas. A diferencia de lo que sucede comúnmente en las escuelas de cinematografía en donde la teoría lacaniana tiene la delantera en el psicoanálisis aplicado a la cultura. Ya que Lacan ha sido una figura clave de la teoría fílmica, apoyada en la lingüística y la semiótica. Que sin duda ofrece elementos interesantes, pero el psicoanálisis no se reduce a una escuela, tenemos muchas teorías, que obviamente su principal contribución es o debe ser para el área clínica, más allá de un oscuro texto que engrose el dialogo narcisista.
¿Qué tienen en común el psicoanálisis y cine?
El cine y el psicoanálisis tienen en común como tema principal el pensamiento, las emociones, la conducta y sobre todo, la motivación humana. Ambos campos surgen paralelamente a finales del siglo XIX. Los primeros directores surrealistas incluso consideraban que la producción de imágenes oníricas en el inconsciente era fundamentalmente análoga al proceso de corte con el que hacen las películas. Además, desde 1931 a la industria fílmica estadounidense se le conocía como traumfabrik o fabrica de sueños. Munsterberg señala que “la representación cinematográfica es capaz de reproducir el verdadero funcionamiento de la mente de manera más exitosa que las formas narrativas convencionales”.
¿Porqué aparece tanto el psiquiatra en las películas?
El cine desempeña las mismas funciones para el público moderno que la tragedia para los griegos, cinco siglos antes de Cristo. La tesis de los hermanos Gabbard es que el tratamiento de la psiquiatría en una película determinada constituye un elemento especialmente útil para decodificar dicha película, aún cuando el psiquiatra parezca ser un personaje estrictamente marginal. Los psiquiatras proporcionan a menudo un medio conveniente para poner en funcionamiento la mecánica de la trama, sin importar cuál sea ésta. Los psiquiatras son para el cine, lo que el teléfono fue para el teatro. Antes del teléfono, los dramaturgos tenían que hacer grandes esfuerzos para establecer la información adicional. Al igual que las conversaciones telefónicas, las consultas al psiquiatra han dado a los cineastas el mecanismo perfecto para revelar secretos oscuros y simplificar la exposición.
¿Psiquiatra, psicoterapeuta, psicólogo o psicoanalista?
Se utiliza el término de psiquiatra de manera genérica para representar a todos los profesionales de la salud mental, ya que la industria cinematográfica, como mucha gente, desconocen la gran diferencia de formación profesional entre un psicólogo, un psicoterapeuta, un psiquiatra o un psicoanalista. Desde mi punto de vista sería más adecuado homologar las mezclas del profesional de la salud mental del cine, con lo que se supone que hace un psicoanalista, ya que parten de la cura verbal, de las teorías freudianas, y cómo los autores sostienen, el cine se ha convertido en una gran bodega de imágenes que pueblan el inconsciente, que es el territorio por antonomasia del psicoanálisis. Sin embargo, las tendencias en alza de los tratamientos psicofarmacológicos como el famoso “Prozac” son administrados por psiquiatras principalmente, de ahí entonces que los Gabbard tanto como los guionistas adopten más frecuentemente el termino genérico de psiquiatra.
Estereotipos.
La industria cinematográfica tomó del psicoanálisis sus pacientes, sus teorías y sus explicaciones y lo transformó en un híbrido que conjuga las fantasías del público con su propia búsqueda de ganancias, en formas que en ocasiones han sido maravillosas, pero decepcionantes la mayoría de las veces. Más que plasmar como podría ser en realidad un tratamiento psicoanalítico, recrean en la pantalla grande sus estereotipos ya sea mitificando o estigmatizando el psicoanálisis.
Los autores han encontrado que el predominio de ciertos estereotipos cambia, a veces de manera notable, de un momento histórico a otro, y que el retrato de los psiquiatras se comprende mejor en términos de las necesidades, en gran medida mecánicas, de las películas en que aparecen. Asimismo, añaden que es posible identificar una relación entre los cambios históricos de la profesión y su imagen en la pantalla.
Entre los estereotipos del psiquiatra que aparecen en el cine norteamericano se encuentran siete tipos, con sus valencias positivas o negativas, por ejemplo, el psiquiatra anónimo, activo, oracular, excéntrico, etcétera. Más a detalle mencionan al típico analista vienés, con barba y fumando pipa tipo Freud, o el psiquiatra tipo detectivesco, o al analista que busca manipular al paciente y así quitarle su creatividad y adaptarlo a lo políticamente correcto, o el psiquiatra psicopático que abusa sexualmente de sus pacientes, o peor aún, los asesina como Hannibal Lecter. El estereotipo falocéntrico tampoco podía faltar, con la representación de la mujer psiquiatra como ser incompleto, hasta que tiene a bien enamorarse de su paciente varón, faltando a su ética profesional, y dejando claro su ineptitud como profesional.
También es interesante incluir los clichés del cineasta Woody Allen, quien ha sido el que más ha lucrado gracias a la sátira que hace del psicoanálisis. Para Allen, igualmente que para sus admiradores, generalmente de clase alta y universitarios, el psicoanálisis es distinto a la promesa de felicidad mediante la eliminación de los problemas personales, a pesar de que la indulgencia narcisista que proporciona lo hace irremediablemente adictivo. Más específicamente, para Allen, el psicoanálisis es otro aspecto problemático de la vida urbana comparable con el agua sucia del grifo o los seudo-intelectuales que pontifican las filas antes de entrar al cine. Así como Allen, también Mazursky entre otros, no pueden librarse de la psiquiatría, recurren obsesivamente a ella, aunque ello signifique humillarla maniáticamente.
Las imágenes estereotipadas de los psicoanalistas producen imágenes estereotipadas del tratamiento y de las teorías psicoanalíticas que estudian las causas de la enfermedad mental. Entre los principales estereotipos que mencionan son la llamada “cura catártica” que Freud utilizó en sus inicios, pre-psicoanalíticos. La cual se reduce a recordar el evento traumático de la infancia, en donde el paciente se recupera instantáneamente de sus problemas. La cual da a los cineastas un buen elemento de dramatismo. Cuando en la realidad clínica, la cura y el proceso es mucho más que el simple deshago de los traumas, además lo que se entiende por trauma en psicoanálisis es un patrón de incidentes recurrentes, y no un solo hecho aislado, como lo muestra el cine.
Las intervenciones terapéuticas estereotipadas, no se limitan a la cura catártica, también se escenifican los consejos sencillos y de sentido común, como aquellos psiquiatras que recomiendan un viaje a la playa, o los que regañan a sus pacientes y les prohíben ciertas conductas. Como si esto no lo pudiera hacer cualquier amigo, familiar o sacerdote.
Más en la línea de la psiquiatría que del psicoanálisis, el cine también recurre a la terapia electroconvulsiva, poniéndola como un método sádico. Y aunque ya no se utiliza tanto en la actualidad, ya que los avances en la psicofarmacología son muchos, todavía existen casos en que son indispensables, cuando los pacientes son refractarios a los fármacos y su vida peligra. Otra formula psicoterapéutica del cine es lograr que el paciente reconozca el daño emocional que le hicieron sus padres, para después lograr perdonarlos. Cuando en la actualidad están muy desacreditas las teorías de la madre esquizofrenogénica . La mayoría de las enfermedades mentales son una compleja interacción de factores biológicos, intrapsíquicos y ambientales, dando un énfasis particular a la forma en que el infante con su dotación genética vivencia el ambiente que le tocó vivir.
En ésta misma línea, el cine también ha cosificado el estereotipo de la técnica analítica de hablar del pasado remoto como vía regia a la cura. El psicoanálisis contemporáneo posa su mirada en el aquí y el ahora de la relación intersubjetiva de la díada paciente-analista. El único pasado que interesa es que está presente, lo sabido no pensado. (C. Bollas).
Aunque el cine también ha tenido épocas en que representan una imagen positiva o incluso idealizada, del psiquiatra, pero malas o buenas, casi siempre son falsas, y repercuten en la práctica clínica, y hasta en la elección de carrera en éstas áreas. Muchos pacientes llegan a consulta con la idea mágica de que en unas cuantas sesiones el psicoanalista “sacará” datos de su inconsciente y al mencionarlos TODO habrá cambiado.
Es tan patente la imagen distorsionada de los profesionales de la salud mental que ya se considera elogio cuando a uno de nosotros nos dicen: ¡no pareces psicoanalista! Es decir, te ven normal.
¿Cuál es la causa de la imagen distorsionada de los profesionales de la salud mental?
Algunos de éstos estereotipos son culpa de los profesionales de la salud mental y otros tantos, no lo son. Como es bien sabido, los seres humanos tendemos a destacar y magnificar más lo negativo, que lo positivo; y esto es como todo: justos pagan por pecadores. Desde un punto de vista psicoanalítico Gabbard señala que la necesidad de distorsionar la imagen del psiquiatra del cine no es tan diferente a la distorsión que hace el paciente de su analista. Es decir, el psicoanalista cinematográfico es un objeto de transferencia para el público y para los cineastas y guionistas.
¿Qué es la transferencia?
De la transferencia, podríamos hablar horas enteras, es un término introducido por Sigmund Freud, entre 1900 y 1909 para designar un proceso fundamental de la cura psicoanalítica, en virtud del cual los deseos inconscientes del paciente concernientes a sus figuras primarias, es decir, a sus padres, los desplaza y los repite en la relación con su analista. Aunque la transferencia es un fenómeno que se manifiesta en todas las relaciones interpersonales, reales o fantaseadas, es en el psicoanálisis el único espacio y el único tratamiento en donde se le descubre y se le da una explicación, que obviamente está relacionada con la patología del paciente. Por ejemplo, un caso hipotético pero parcial, lo advierto, sería aquella persona que en su infancia o adolescencia tuvo serios problemas con las figuras de autoridad, llámese padres, maestros, etc. Aquel que tuvo un padre muy autoritario y que nunca le permitió expresarse a su hijo, pudiera ser que éste hijo sometido, cuando adulto, se reedite su conflicto primario a otras figuras de autoridad y constantemente pierde sus empleos porque no puede tolerar a ninguno de sus jefes. Es decir, ahora adulto ve en sus jefes al padre del cual nunca se pudo defender. Y si éste individuo se trata psicoanalíticamente, podemos esperar con seguridad que tarde o temprano va a sentir a su analista como uno más de los que quieren someterlo y manipularlo, entonces el analista va a tener un elemento único para ayudarle al paciente a que comprenda que así como lo percibe a él, también percibe a sus jefes, pero que esos sentimientos en realidad se dirigen a otra persona, a su padre. Claro que no es así de simple como lo expongo, el paciente imaginario del que hablo, tendría una serie de conflictos más intrincados, tendría su papel protagónico, que no se reduce a una pobre víctima de su padre. Éste proceso es inconsciente, repetitivo y marca el carácter, se vuelve una parte “normal” para la persona.
Entonces, volviendo al cine, el psicoanalista del cine es una figura de transferencia para el gran público. Y retomando también la pregunta del por qué la necesidad de distorsionar la imagen de los psicoanalistas en el cine, los Gabbard explican que la gente se sorprende ante el conocimiento que suponen que tiene el analista del misterioso funcionamiento del inconsciente. Paralelo a ésta idealización y reverencia está el desprecio por las limitaciones de los profesionales de la salud mental, la desilusión por su incapacidad de sanar todas las enfermedades mentales sociales del mundo y la devaluación asociada con su incapacidad de resolver incluso las enfermedades personales del individuo.
La presunta omnisciencia del psicoanalista es envidiada y temida, por lo que es necesario ridiculizarlo para neutralizar éstos sentimientos. El cine refleja que los psicoanalistas no son perfectos, algo por demás evidente, sin embargo, la fantasía de que los psicoterapeutas y los psicoanalistas son perfectos o superiores a los demás se niega a morir, por lo que al parecer, es necesario confirmar repetidamente que no son perfectos. El analista debe aceptar las ridiculizaciones que hacen de él, en las películas, de la misma forma en que maneja la transferencia con sus pacientes, es decir, ver las distorsiones con curiosidad, desapego, empatía y comprensión.
Felizmente las encuestas acerca de la actitud del público indican que prevalece una imagen básicamente positiva de la profesión, a pesar de toda la publicidad negativa. Además, la enfermedad mental no se va a erradicar y tarde o temprano cuando la persona ya recorrió todo tipo de tratamientos rápidos, esotéricos, religiosos o brujería, sin ningún resultado, algunos acuden como último recurso al psicoanálisis.
Consecuencias clínicas.
Los pacientes llegan a la consulta con una serie de expectativas distorsionadas de lo que es un tratamiento. Incluso la gente culta y universitaria; y aunque hay una gran variedad de estereotipos de analista, el paciente va a escoger la imagen que más se acomode a sus propios conflictos.
La mayoría de las películas donde aparece un psicoanalista o lo que sea que entiendan por esto, no aspiran a ser una obra de arte, además por otro lado, los cineastas no están obligados a representar al psicoanálisis de forma aceptable y realista, que en realidad sería muy aburrido.
Por lo anterior es importante que los profesionales de la salud mental estemos familiarizados con las imágenes cinematográficas de nuestra profesión, de manera que podamos comprender el significado que éstas imágenes tiene para nuestros pacientes y que función cumplen en la transferencia.
Seria interesante, desde mi punto de vista, que se realizaran investigaciones como la de los hermanos Gabbard en la cinematografía mexicana. Por otro lado y para concluir me parece que para corregir dentro de lo psíquicamente posible, la imagen distorsionada de los psicoanalistas y del tratamiento psicoanalítico en el gran público, no es responsabilidad de los cineastas ni de los medios de comunicación, sino de los mismos analistas. Necesitamos salirnos un poco de nuestros consultorios y acercarnos más a otras áreas del conocimiento, y hablar del psicoanálisis en términos lo más sencillos posible, sin el teorizar tan complejo que nos caracteriza.
El cine desempeña las mismas funciones para el público moderno que la tragedia para los griegos, cinco siglos antes de Cristo. La tesis de los hermanos Gabbard es que el tratamiento de la psiquiatría en una película determinada constituye un elemento especialmente útil para decodificar dicha película, aún cuando el psiquiatra parezca ser un personaje estrictamente marginal. Los psiquiatras proporcionan a menudo un medio conveniente para poner en funcionamiento la mecánica de la trama, sin importar cuál sea ésta. Los psiquiatras son para el cine, lo que el teléfono fue para el teatro. Antes del teléfono, los dramaturgos tenían que hacer grandes esfuerzos para establecer la información adicional. Al igual que las conversaciones telefónicas, las consultas al psiquiatra han dado a los cineastas el mecanismo perfecto para revelar secretos oscuros y simplificar la exposición.
¿Psiquiatra, psicoterapeuta, psicólogo o psicoanalista?
Se utiliza el término de psiquiatra de manera genérica para representar a todos los profesionales de la salud mental, ya que la industria cinematográfica, como mucha gente, desconocen la gran diferencia de formación profesional entre un psicólogo, un psicoterapeuta, un psiquiatra o un psicoanalista. Desde mi punto de vista sería más adecuado homologar las mezclas del profesional de la salud mental del cine, con lo que se supone que hace un psicoanalista, ya que parten de la cura verbal, de las teorías freudianas, y cómo los autores sostienen, el cine se ha convertido en una gran bodega de imágenes que pueblan el inconsciente, que es el territorio por antonomasia del psicoanálisis. Sin embargo, las tendencias en alza de los tratamientos psicofarmacológicos como el famoso “Prozac” son administrados por psiquiatras principalmente, de ahí entonces que los Gabbard tanto como los guionistas adopten más frecuentemente el termino genérico de psiquiatra.
Estereotipos.
La industria cinematográfica tomó del psicoanálisis sus pacientes, sus teorías y sus explicaciones y lo transformó en un híbrido que conjuga las fantasías del público con su propia búsqueda de ganancias, en formas que en ocasiones han sido maravillosas, pero decepcionantes la mayoría de las veces. Más que plasmar como podría ser en realidad un tratamiento psicoanalítico, recrean en la pantalla grande sus estereotipos ya sea mitificando o estigmatizando el psicoanálisis.
Los autores han encontrado que el predominio de ciertos estereotipos cambia, a veces de manera notable, de un momento histórico a otro, y que el retrato de los psiquiatras se comprende mejor en términos de las necesidades, en gran medida mecánicas, de las películas en que aparecen. Asimismo, añaden que es posible identificar una relación entre los cambios históricos de la profesión y su imagen en la pantalla.
Entre los estereotipos del psiquiatra que aparecen en el cine norteamericano se encuentran siete tipos, con sus valencias positivas o negativas, por ejemplo, el psiquiatra anónimo, activo, oracular, excéntrico, etcétera. Más a detalle mencionan al típico analista vienés, con barba y fumando pipa tipo Freud, o el psiquiatra tipo detectivesco, o al analista que busca manipular al paciente y así quitarle su creatividad y adaptarlo a lo políticamente correcto, o el psiquiatra psicopático que abusa sexualmente de sus pacientes, o peor aún, los asesina como Hannibal Lecter. El estereotipo falocéntrico tampoco podía faltar, con la representación de la mujer psiquiatra como ser incompleto, hasta que tiene a bien enamorarse de su paciente varón, faltando a su ética profesional, y dejando claro su ineptitud como profesional.
También es interesante incluir los clichés del cineasta Woody Allen, quien ha sido el que más ha lucrado gracias a la sátira que hace del psicoanálisis. Para Allen, igualmente que para sus admiradores, generalmente de clase alta y universitarios, el psicoanálisis es distinto a la promesa de felicidad mediante la eliminación de los problemas personales, a pesar de que la indulgencia narcisista que proporciona lo hace irremediablemente adictivo. Más específicamente, para Allen, el psicoanálisis es otro aspecto problemático de la vida urbana comparable con el agua sucia del grifo o los seudo-intelectuales que pontifican las filas antes de entrar al cine. Así como Allen, también Mazursky entre otros, no pueden librarse de la psiquiatría, recurren obsesivamente a ella, aunque ello signifique humillarla maniáticamente.
Las imágenes estereotipadas de los psicoanalistas producen imágenes estereotipadas del tratamiento y de las teorías psicoanalíticas que estudian las causas de la enfermedad mental. Entre los principales estereotipos que mencionan son la llamada “cura catártica” que Freud utilizó en sus inicios, pre-psicoanalíticos. La cual se reduce a recordar el evento traumático de la infancia, en donde el paciente se recupera instantáneamente de sus problemas. La cual da a los cineastas un buen elemento de dramatismo. Cuando en la realidad clínica, la cura y el proceso es mucho más que el simple deshago de los traumas, además lo que se entiende por trauma en psicoanálisis es un patrón de incidentes recurrentes, y no un solo hecho aislado, como lo muestra el cine.
Las intervenciones terapéuticas estereotipadas, no se limitan a la cura catártica, también se escenifican los consejos sencillos y de sentido común, como aquellos psiquiatras que recomiendan un viaje a la playa, o los que regañan a sus pacientes y les prohíben ciertas conductas. Como si esto no lo pudiera hacer cualquier amigo, familiar o sacerdote.
Más en la línea de la psiquiatría que del psicoanálisis, el cine también recurre a la terapia electroconvulsiva, poniéndola como un método sádico. Y aunque ya no se utiliza tanto en la actualidad, ya que los avances en la psicofarmacología son muchos, todavía existen casos en que son indispensables, cuando los pacientes son refractarios a los fármacos y su vida peligra. Otra formula psicoterapéutica del cine es lograr que el paciente reconozca el daño emocional que le hicieron sus padres, para después lograr perdonarlos. Cuando en la actualidad están muy desacreditas las teorías de la madre esquizofrenogénica . La mayoría de las enfermedades mentales son una compleja interacción de factores biológicos, intrapsíquicos y ambientales, dando un énfasis particular a la forma en que el infante con su dotación genética vivencia el ambiente que le tocó vivir.
En ésta misma línea, el cine también ha cosificado el estereotipo de la técnica analítica de hablar del pasado remoto como vía regia a la cura. El psicoanálisis contemporáneo posa su mirada en el aquí y el ahora de la relación intersubjetiva de la díada paciente-analista. El único pasado que interesa es que está presente, lo sabido no pensado. (C. Bollas).
Aunque el cine también ha tenido épocas en que representan una imagen positiva o incluso idealizada, del psiquiatra, pero malas o buenas, casi siempre son falsas, y repercuten en la práctica clínica, y hasta en la elección de carrera en éstas áreas. Muchos pacientes llegan a consulta con la idea mágica de que en unas cuantas sesiones el psicoanalista “sacará” datos de su inconsciente y al mencionarlos TODO habrá cambiado.
Es tan patente la imagen distorsionada de los profesionales de la salud mental que ya se considera elogio cuando a uno de nosotros nos dicen: ¡no pareces psicoanalista! Es decir, te ven normal.
¿Cuál es la causa de la imagen distorsionada de los profesionales de la salud mental?
Algunos de éstos estereotipos son culpa de los profesionales de la salud mental y otros tantos, no lo son. Como es bien sabido, los seres humanos tendemos a destacar y magnificar más lo negativo, que lo positivo; y esto es como todo: justos pagan por pecadores. Desde un punto de vista psicoanalítico Gabbard señala que la necesidad de distorsionar la imagen del psiquiatra del cine no es tan diferente a la distorsión que hace el paciente de su analista. Es decir, el psicoanalista cinematográfico es un objeto de transferencia para el público y para los cineastas y guionistas.
¿Qué es la transferencia?
De la transferencia, podríamos hablar horas enteras, es un término introducido por Sigmund Freud, entre 1900 y 1909 para designar un proceso fundamental de la cura psicoanalítica, en virtud del cual los deseos inconscientes del paciente concernientes a sus figuras primarias, es decir, a sus padres, los desplaza y los repite en la relación con su analista. Aunque la transferencia es un fenómeno que se manifiesta en todas las relaciones interpersonales, reales o fantaseadas, es en el psicoanálisis el único espacio y el único tratamiento en donde se le descubre y se le da una explicación, que obviamente está relacionada con la patología del paciente. Por ejemplo, un caso hipotético pero parcial, lo advierto, sería aquella persona que en su infancia o adolescencia tuvo serios problemas con las figuras de autoridad, llámese padres, maestros, etc. Aquel que tuvo un padre muy autoritario y que nunca le permitió expresarse a su hijo, pudiera ser que éste hijo sometido, cuando adulto, se reedite su conflicto primario a otras figuras de autoridad y constantemente pierde sus empleos porque no puede tolerar a ninguno de sus jefes. Es decir, ahora adulto ve en sus jefes al padre del cual nunca se pudo defender. Y si éste individuo se trata psicoanalíticamente, podemos esperar con seguridad que tarde o temprano va a sentir a su analista como uno más de los que quieren someterlo y manipularlo, entonces el analista va a tener un elemento único para ayudarle al paciente a que comprenda que así como lo percibe a él, también percibe a sus jefes, pero que esos sentimientos en realidad se dirigen a otra persona, a su padre. Claro que no es así de simple como lo expongo, el paciente imaginario del que hablo, tendría una serie de conflictos más intrincados, tendría su papel protagónico, que no se reduce a una pobre víctima de su padre. Éste proceso es inconsciente, repetitivo y marca el carácter, se vuelve una parte “normal” para la persona.
Entonces, volviendo al cine, el psicoanalista del cine es una figura de transferencia para el gran público. Y retomando también la pregunta del por qué la necesidad de distorsionar la imagen de los psicoanalistas en el cine, los Gabbard explican que la gente se sorprende ante el conocimiento que suponen que tiene el analista del misterioso funcionamiento del inconsciente. Paralelo a ésta idealización y reverencia está el desprecio por las limitaciones de los profesionales de la salud mental, la desilusión por su incapacidad de sanar todas las enfermedades mentales sociales del mundo y la devaluación asociada con su incapacidad de resolver incluso las enfermedades personales del individuo.
La presunta omnisciencia del psicoanalista es envidiada y temida, por lo que es necesario ridiculizarlo para neutralizar éstos sentimientos. El cine refleja que los psicoanalistas no son perfectos, algo por demás evidente, sin embargo, la fantasía de que los psicoterapeutas y los psicoanalistas son perfectos o superiores a los demás se niega a morir, por lo que al parecer, es necesario confirmar repetidamente que no son perfectos. El analista debe aceptar las ridiculizaciones que hacen de él, en las películas, de la misma forma en que maneja la transferencia con sus pacientes, es decir, ver las distorsiones con curiosidad, desapego, empatía y comprensión.
Felizmente las encuestas acerca de la actitud del público indican que prevalece una imagen básicamente positiva de la profesión, a pesar de toda la publicidad negativa. Además, la enfermedad mental no se va a erradicar y tarde o temprano cuando la persona ya recorrió todo tipo de tratamientos rápidos, esotéricos, religiosos o brujería, sin ningún resultado, algunos acuden como último recurso al psicoanálisis.
Consecuencias clínicas.
Los pacientes llegan a la consulta con una serie de expectativas distorsionadas de lo que es un tratamiento. Incluso la gente culta y universitaria; y aunque hay una gran variedad de estereotipos de analista, el paciente va a escoger la imagen que más se acomode a sus propios conflictos.
La mayoría de las películas donde aparece un psicoanalista o lo que sea que entiendan por esto, no aspiran a ser una obra de arte, además por otro lado, los cineastas no están obligados a representar al psicoanálisis de forma aceptable y realista, que en realidad sería muy aburrido.
Por lo anterior es importante que los profesionales de la salud mental estemos familiarizados con las imágenes cinematográficas de nuestra profesión, de manera que podamos comprender el significado que éstas imágenes tiene para nuestros pacientes y que función cumplen en la transferencia.
Seria interesante, desde mi punto de vista, que se realizaran investigaciones como la de los hermanos Gabbard en la cinematografía mexicana. Por otro lado y para concluir me parece que para corregir dentro de lo psíquicamente posible, la imagen distorsionada de los psicoanalistas y del tratamiento psicoanalítico en el gran público, no es responsabilidad de los cineastas ni de los medios de comunicación, sino de los mismos analistas. Necesitamos salirnos un poco de nuestros consultorios y acercarnos más a otras áreas del conocimiento, y hablar del psicoanálisis en términos lo más sencillos posible, sin el teorizar tan complejo que nos caracteriza.
1 comments:
Ramona, ¿conoces la película The Pervert Guide To Cinema? y el libro Todo lo que usted quería saber de Lacan y no se atrevió a preguntarle a Hitchcock, ambos de Slavoj Zizek...
http://es.geocities.com/zizekencastellano/liblacanhitch.htm
http://www.thepervertsguide.com/
¿cuándo nos tomamos unos tequilas? ¿siempre te vas a londres? quiero presentarte a mis amigos que vivieron ahi...
salú
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